

Una tras otra las historias personales se suceden en los medios de comunicación americanos. La frustración de los periodistas, narrando cómo la gente se les muere delante y nadie sabe que hacer, las imágenes de televisión de niños casi deshidratados, sus padres insultando a las cámaras, frustrados tras varios días de desamparo, edificios en llamas y las historias de saqueadores, personas armadas disparando incluso a las fuerzas del orden y rumores de asaltos y violaciones, me hacen olvidar que estamos en Estados Unidos. Es la peor imagen que uno se puede esperar del llamado primer mundo. Una frustración que comparten todos los ciudadanos.
El New York Times titulaba su editorial del jueves “Esperando un líder”. Criticaba con dureza a la administración del presidente Bush, de quien acertadamente dice que el miércoles hizo el peor discurso de su vida, “en lo que parece ser un ritual de esta Administración: aparecer el presidente un días más tarde de cuando era necesario”, recordando así lo ocurrido el 11 de septiembre de 2001 durante los atentados contra las torres gemelas de Nueva York. “Considerando que esta administración no reconocerá que existe el calentamiento global, las posibilidades de un liderazgo son mínimas”, concluye el diario.
La frustración americana es tremenda. Cómo pueden llegar a Nueva Orleáns las cámaras de televisión, los informadores, y no llegar agua o alimentos en pleno corazón de América. No hay nadie responsable de llevar ayuda, de poner fin a los saqueos y al creciente enfado de una sociedad de ciudadanos, (de contribuyentes, como recuerdan tan a menudo) abandonada por sus autoridades.
La ley del oeste. Hasta un militar ha comparado la situación de desastre y de violencia callejera anoche en algunas calles de Nueva Orleans con lo que vio en su día en Somalia. El más fuerte se impone en esta sociedad que está orgullosa de ser capaz de invadir países en horas pero que ha demostrado ser capaz de resquebrajarse ante la falta de líder, de orden. En las situaciones de crisis surgen héroes, y Estados Unidos es un país que los fabrica constantemente, pero ante situaciones como estas (“anarquía” titula hoy un diario neoyorquino) también puede salir lo peor del ser humano. Hasta policías robando en supermercados, llenando su carro. Mientras tanto, se recuerda constantemente que un tercio de
Desde las localidades pequeñas a las grandes ciudades americanas hoy los ciudadanos observan entre la sorpresa, la incredulidad, la indignación y la frustración las imágenes de televisión y agotan los periódicos. Los medios transmiten esa frustración con preguntas que nadie responde con claridad.
Ninguna autoridad se hace responsable de reconocer que hay caos y de acabar con él. Hoy viernes seguramente, varios días después de llegar el famoso huracán KATRINA, quizá surgirán respuestas y se agilizará la llegada de ayuda. Tarde. Miles de cadáveres y de personas sin hogar en el corazón de Estados Unidos. Los americanos se seguirán preguntando qué les ha pasado. Los afectados el porqué les han abandonado.